Las aficiones son el verdadero motor de la vida

    Vivir sin aficiones es casi vivir sin alma, porque donde no hay pasión no hay corazón y donde no hay pulso no existe vida.

    Hace tiempo que me he convertido en un administrativo. Gestiono los problemas como papeles que siempre están encima de mi escritorio. Siempre son los mismos. Una y otra vez. Las aficiones quedaron bajo llave en un cajón que no recuerda ver la luz del día desde tiempos pretéritos. Estoy tan acostumbrado que, cuando resuelvo alguno de esos problemas, mi mente busca sin parar otros que rellenen la mesa de folios. Es un automatismo de burócratas, de aburridos y de muertos. En mi caso, he tomado la firme decisión de apartarlos de este diario-blog y de dar rienda suelta a mis pasiones escondidas. Trataré de encontrar, en definitiva, la llave de ese cajón.

     Cuando era pequeño tenía una pasión infinita por el fútbol. Jugaba durante horas. Me envolvía una sensación de plenitud estar en medio de un juego. Era una adicción que sólo podía consumirse con la pasión que ponía en cada jugada. Sin embargo, con el tiempo dejé de ver fútbol, y en parte también de jugarlo. No sentía que la burbuja que rodea a ese deporte casara con mi forma de ser. Los millones de años de evolución humana apenas se notaban en un mundo donde los descerebrados son numerosos, desprovistos de principios y cargados de la agresividad ancestral propia. En cualquier caso, si tuviese que jugar un partido amistoso aún me encantaría, pero fuera de los comportamientos y abusos que acompañan a este deporte de forma regular. 

    La música también me interesaba. Componía canciones, tenía cientos de ellas apuntadas. Vivía las canciones con el amor o con el desamor de quien las padece. Cada palabra, cada matiz y cada silencio era objeto de fascinación. Creo que a veces es mejor quedarse en lo superficial y no gastarlo en exceso. Yo cometí el error de cantar y escuchar tantísimas canciones que rompían el alma que acabó por no sorprenderme nada. De hecho, me convertí en un crítico con razones de peso. Las letras me parecían absurdas, de patio de colegio, con rimas facilonas, siempre el tan recurrente amor y desamor, no llegaban en ningún caso a las mejores canciones que había escuchado, que además eran cada vez menos, con melodías trabajadas, con letras con doble intención, contadas con ingenio y a la altura como un arte que debe ser la música. Después, como bien saben, vino el reggaeton e inundó el mundo. Los pocos artistas que daban un poco de poesía trabajada se ahogaron y sobrevivieron las melodías estériles, las letras de parvulario y la decadencia del gusto. Soy capaz de seguir prácticamente la melodía de cualquier canción, sea del género que sea, oyendo un poco del comienzo. Todas con un comienzo, un puente y un estribillo simple para quemarlo. A decir verdad, si la demanda es tan poco exigente, el resultado irá en consonancia. Lo cierto es que, aún con todo, me encanta disfrutar del karaoke y suelo hacerlo regularmente. Espero que en un tiempo pueda componer por fin de nuevo.

     La lectura es una pasión que con el tiempo ha ido aumentando cada vez más. Encuentro mundos interesantes, encuentro ingenio, encuentro arte. De alguna manera satisface mi necesidad de admirar algo bien hecho, sobre todo cuando la obra es dinámica, atrevida, ingeniosa, inesperada, con enseñanza y, de lo que también más me atrae, que sea oscura. Me encantan las personalidades diferentes, romper los esquemas, pensar como nadie lo haría. A menudo son detectives pintorescos, asesinos entrañables y locos indescifrables.

     La naturaleza forma parte de mis pasiones, sobre todo el senderismo, y más cuando hay mar para contemplar.  Vivo en un sitio de costa y el mar siempre ha sido una de mis debilidades. Tengo pendiente tener como afición infinita hacer kayak y otros deportes náuticos, a los que les pueda poner la pasión que perdí en otras aficiones.

    Por hoy es lo que se me ha ocurrido contar sobre las aficiones. Me gustaría hacer el experimento de probar nuevas cosas y contarlas en este diario. Es algo que definitivamente comenzaré a hacer. 

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