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El castigo del turismo

     Qué triste es caminar por un pueblo sin alma, sin identidad y sin sentido. El buen tiempo, que dicen un privilegio, ha sido el castigo de los que obligados toman las maletas resignados, echados sin miramientos a sitios de interior menos atractivos. Hay otros que ponen su bravura por delante, porque es su tierra, pero es cuestión de tiempo que al mirar a izquierda y derecha no reconozcan nada que les pertenezca ya. Así de triste venden la memoria de sus gentes al primer extranjero con buena billetera. Lugares que albergaban matrimonios con hijos, con vida, se ahogan en el silencio de casas vacías vacacionales o, en el mejor de los casos, de jubilados sin necesidad de hablar más que en su idioma. Sociedades paralelas y crecientes, interesantes para gobernantes sin pundonor, que obligan a la servidumbre a todos los que ya estaban. Y acallan estos últimos, y muerden el fracaso, y ellos mismos se han maniatado porque es más cómodo que subir el tono y que te señalen de dis...

Prezo, el pueblo sin cortinas

     El ritmo de pedaleo era suave pero continuo, haciendo girar el plato más grande de la bicicleta. Luego, el movimiento viajaba a través de la cadena, y finalmente movía las ruedas del vehículo en cada golpe de ilusión que marcaban mis pies, como si la fuerza de mis latidos se transmitiese a toda la estructura de hierro. Me encontraba lejos de mi destino, portando únicamente una mochila al hombro que contenía algo de ropa y dinero. El día era placentero, con un moteado de nubes blancas que a su paso vestían de sombra el camino, algo que se agradecía.      Un cártel me hizo accionar rápidamente las manillas del freno, produciendo un sonoro chirrido de llantas y el levantamiento de arena, pues el camino no contaba con asfalto. Puse un pie sobre la tierra y bajé de la bicicleta, dejando ésta recostada sobre una piedra de grandes dimensiones al costado del camino. Me aproximé al panel de manera cautelosa, el cual tenía ya un mejunje de plantas y hierbas que ...

El silencio de los valientes

     El tumulto de personas concentradas en la plaza formaba una maraña de conversaciones inentendibles. Las voces se enredaban y serpenteaban hacia risas caóticas y gritos procedentes de varios puestos ambulantes, que como pasaba todas las mañanas de sábado, competían por atraer a la jauría ruidosa. Algunos preferían acercarse mucho en lugar de alzar la voz; no todo el mundo cuenta con una laringe tan poderosa como para reinar entre la multitud. Otros acompañaban su mensaje con gestos amplios, pero en la mayoría de ocasiones necesitaban repetir más de una y dos veces lo que querían decir, puesto que su interlocutor entendía la mitad y a veces, más bien, creía entenderla. El olor a especias, cuero y calor corporal del gentío se extendía y entrelazaba en un plano diferente, sólo agradable para los habituados a acudir semanalmente al mercado de la plaza. Nadie parecía abrumado o molesto por esta situación. Quizás todo lo contrario, el disfrute y la sensación de compañía era...

Mis pesadillas de parálisis del sueño

     Hoy desperté con una pesadilla más que contar a causa de la parálisis del sueño. Debo decir que llevo anotando todos estos malvados sueños en un documento, para más tarde contarlos como merecen en un libro. Sucede sobre todo cuando duermo por la noche boca arriba; tiene lugar un pinzamiento de nervio en la espalda baja, provocado por una hernia discal leve que arrastro desde los 16 años. Me dijeron que es la hernia del corredor. Cuando duermo se pinza el nervio y se entumece un poco la pierna, de modo que sucede la parálisis del sueño.      Todas las pesadillas tienen un punto de horror extremo. Al principio no podía pedir auxilio, apenas me salía un hilo de voz, pero con los años he aprendido a  hacer ruido y conseguir que me despierten. El miedo es extremo. El sueño se desarrolla hasta un punto donde soy consciente de que ya no puedo moverme y es entonces cuando ocurre; un ser me mira fijamente con unos ojos negros como el carbón, me oprime, me ...

El duende verde

     Justo en la puerta de la pequeña tienda de juguetes se encontraba. Caminaba en dirección opuesta a la mía, elegantemente verde. En tal punto de encuentro me miró fijamente; me quedé absorto en el verdor de su traje y sombrero. El sol contorneaba su figura con destellos dorados. A esa edad, apenas ocho años, sólo pude admirar la curiosidad que me producía todo en él durante unos segundos. Consciente de ello, me dirigió finalmente un guiño de ojo y continuó su ruta. Un gesto que lejos de ser meramente casual, adquirió con el tiempo un mensaje mucho más profundo, intrigante y misterioso.      ¿Quién es ese extraño señor vestido de verde?       Por alguna razón que desconozco, es una de esas situaciones memorables que uno guarda en su cabeza, aunque no tenga mucho sentido o utilidad. Recuerdo que era un señor mayor, de una estatura media diría y con un aura de épocas pasadas. Quizás un duende , como pensé cuando era niño. Fue pasar por ...

Sin agua

     Amanecemos sin agua potable en varios pueblos costeros de la Región de Murcia. La última dana, llamada Alice por los expertos meteorólogos, ha resultado ser una lluvia intensa que ha provocado algunas inundaciones. Nada comparado con lo sucedido en 2019, donde los daños desbordaron la crispación de aquellos que perdieron su coche y el mobiliario de su casa o negocio. Al parecer, esta vez el agua está contaminada por una filtración severa que hace que no sea potable, ni se aconseje su uso para higiene o cocinar. Seis días dicen que puede durar. ¿Y nosotros qué hacemos?      Una de las cosas que tuvimos en cuenta al comprar la casa es que no fuese en zona inundable, así que estuvimos muy tranquilos toda la noche. Ha sido un fin de semana bueno en general. He disfrutado con ella, siempre ella, jugando a un videojuego que nos ha mantenido enganchados más de.. ¡15 horas! Y también, mientras la lluvia caía plomiza, he puesto mi oído en numerosas ocasiones en...

Miro a mi niño interior

       En esta entrada quiero escuchar al niño interior que fui, en una situación que sea tan significativa que me permita entender el porqué de mis refugios, manías y miedos. Al principio dejaré que se exprese y más tarde intentaré explicarle, darle sentido a lo que siente y liberarlo de sus cadenas, las cuales, aún pertenecientes al pasado, son tan largas que hieren el presente.        Hoy desperté con las sábanas mojadas. La mancha matutina, que no puedo evitar por más que lo quiera, inunda el centro de la cama. Mi dinosaurio de juguete con el que duermo se ha quedado ahí inmóvil, petrificado, como si presagiara un mal comienzo de día y sólo buscase pasar desapercibido. El pijama me da frío, casi estoy tiritando. No podré esperar eternamente, tengo que pedir ropa para cambiarme, pero me da miedo. Me da miedo que pasé como ayer. Necesito que entiendan que no puedo hacerle nada, necesito que crean mis lágrimas. Hoy no necesito golpes, no necesito...

Animales al fin y al cabo

     Es complicado llegar a un estado de control sobre los impulsos más animales, tan complicado que es muy improbable que conozcamos más de cinco o diez personas en nuestra vida con esta cualidad. En muchas ocasiones, aunque sepa relativizar y ver más allá que mis instintos primarios, es difícil no responder como un animal a quien se comporta como tal, puesto que su límite no le permite razonar y dialogar. La codicia, el odio, la envidia, el despecho, la falta de empatía, entre muchos otros, absorben la mente y la llevan a una furia de emociones incontroladas, desorbitadas y, en nuestros tiempos, de únicamente querer la destrucción de quien nos hace sentir así o al que creemos mal de nuestros males.      Quien está herido hiere a los demás, es en ese contexto tan poco humano en el que nos hemos encontrado siempre los seres humanos. La empatía es precisamente un bien escaso, casi de dioses. Es fácil conmoverse por quien pide un auxilio sincero, pero qué dif...

¡Será una niña!

     Hasta hace sólo un par de años era difícil de imaginar verme en una situación como en la que me encuentro hoy. Parece que los tiempos cambian cuando el viento sopla realmente fuerte, pero en mi caso no es así, el viento siempre ha estado soplando de manera continua y cambiando poco a poco todo. Sin prisa pero sin pausa como decía mi abuelo, quien también me enseñó que la madre de la ciencia es la paciencia. Junto con mi pareja, hace ya más de once años, trazamos un plan de vida simple, tan simple como amarnos, respetarnos y reírnos, y casi diría que este último es la primera de nuestras reglas. No contaré otras vivencias fascinantes que hemos pasado, eso lo dejo para otra entrada de este blog-diario. Ahora contaré lo que ocurrió ayer, sobre una noticia que va a darle un nuevo sentido a nuestra vida. Nos dijeron que será una niña.        Siempre habíamos pensado en tener un hijo, pero no era una condición impuesta, si se presentaba bienvenido y, en...

Las aficiones son el verdadero motor de la vida

     Vivir sin aficiones es casi vivir sin alma, porque donde no hay pasión no hay corazón y donde no hay pulso no existe vida.      Hace tiempo que me he convertido en un administrativo. Gestiono los problemas como papeles que siempre están encima de mi escritorio. Siempre son los mismos. Una y otra vez. Las aficiones quedaron bajo llave en un cajón que no recuerda ver la luz del día desde tiempos pretéritos. Estoy tan acostumbrado que, cuando resuelvo alguno de esos problemas, mi mente busca sin parar otros que rellenen la mesa de folios. Es un automatismo de burócratas, de aburridos y de muertos. En mi caso, he tomado la firme decisión de apartarlos de este diario-blog y de dar rienda suelta a mis pasiones escondidas. Trataré de encontrar, en definitiva, la llave de ese cajón.        Cuando era pequeño tenía una pasión infinita por el fútbol. Jugaba durante horas. Me envolvía una sensación de plenitud estar en medio de un juego. Era u...