Miro a mi niño interior
En esta entrada quiero escuchar al niño interior que fui, en una situación que sea tan significativa que me permita entender el porqué de mis refugios, manías y miedos. Al principio dejaré que se exprese y más tarde intentaré explicarle, darle sentido a lo que siente y liberarlo de sus cadenas, las cuales, aún pertenecientes al pasado, son tan largas que hieren el presente.
Hoy desperté con las sábanas mojadas. La mancha matutina, que no puedo evitar por más que lo quiera, inunda el centro de la cama. Mi dinosaurio de juguete con el que duermo se ha quedado ahí inmóvil, petrificado, como si presagiara un mal comienzo de día y sólo buscase pasar desapercibido. El pijama me da frío, casi estoy tiritando. No podré esperar eternamente, tengo que pedir ropa para cambiarme, pero me da miedo. Me da miedo que pasé como ayer. Necesito que entiendan que no puedo hacerle nada, necesito que crean mis lágrimas. Hoy no necesito golpes, no necesito ver que nadie me quiere. No entiendo por qué sucede esto, soy el único de mis hermanos con este problema. No sé siquiera si esto es culpa mía. Algo de culpa debo tener si los adultos se comportan así conmigo. Siento que es injusto.
Oigo unos pasos en el pasillo que se acercan. En cuestión de segundos observo como el pomo gira.
Ha sido tal cual fue ayer. Arrodillado en el suelo intento recoger las lágrimas que caen desesperadas. Perdí la cuenta de las zonas en las que me golpearon. El colchón ha sido expuesto hacia la ventana visible para el vecindario, para que se seque el colchón, se seque mi llanto y se sequen las heridas más profundas que empiezan a anidar en mi corazón. Espero lavarme y ponerme la ropa seca.
Al volver a mi habitación, saco mis muñecos y dejo que me invadan las historias de héroes justicieros, valientes y que no tienen temor a nada. En mi cabeza se dan montones de cosas a la vez. Las veces que he querido expresarlo todo me han cortado a media frase, lo tachan de cosas de niños, de poco interesante. En muchas ocasiones he llorado debajo del escritorio jurándome que saldré de la casa, que no quiero estar en un sitio donde nadie me quiere. Soy demasiado pequeño y veo el mundo tan complejo, tan difícil. No me veo capacitado, siento que soy inferior a todos. Al menos mis hermanos saben hablar, no se traban como yo, que no logro entender qué tengo mal para ser tartamudo, para ser el "tartaja". No quiero hablar, no quiero que me hablen. Si me concentro estoy seguro que debe existir la telepatía, como en las películas, y ya deje de ser un bicho raro al que todos miran cuando intenta hablar. He acabado por aceptar el desprecio, los insultos y la culpa.
Cuando era aún más pequeño estaba siempre alrededor de mi madre. Un niño cariñoso. Ahora mi cuerpo no se siente cómodo. Me encuentro alterado, en guardia. Alejarme, pasar desapercibido me ha dado como resultado tener menos problemas, menos decepción y sufrimiento. Todas esas cosas que aún no se cómo gestionar. De la otra parte, simplemente un fantasma, mejor no provocar la ira. No lo entiendo muy bien.
Subidos en el coche comienzo a llorar y todos me miran, casi cansados. "Al morir tu alma va al cielo", "El hombre nace sólo y muere sólo", "Es ley de vida". Hace mucho tiempo que mi abuela murió y no consigo comprender cómo todos pueden estar tan serenos. No se dan cuenta de que llegará un día que todo sea silencio, que sea negro, que nos arrebaten a nuestros seres queridos como a la abuela. Tengo un miedo infinito, una especie de vacío donde el estómago empieza a caer en caída libre y el vértigo se apodera de mis huesos. No quiero que me pase eso, no quiero ser tartamudo, no quiero ser invisible para todos.
Los años que se separan, hoy se funden.
Como adulto tengo que decirte que bien sabemos que hubo tiempos difíciles, quizás de los que más puedes acordarte. No obstante, también existen las buenas intenciones, los momentos felices que doblegaron en muchas ocasiones las dificultades. Las reconciliaciones de los padres, cuando te compraron las películas de dibujos que querías ver, cuando veías "Aquí no hay quién viva" para reír en familia, cuando los momentos de cariño venían, cuando te llevaron al psicólogo para que pudieras tratarte o cuando venía el cariño en la forma en la que necesitabas, aún cuando no sirva para justificar nada más. Entre lo blanco y el negro hay una escala de grises infinita. No sé si tiene más tinte blanco o más negro, pero sí puedo entenderte. A día de hoy existen muchas cosas reprochables, pero anclarnos en ellas no nos va a ayudar. No debemos dejar de ser quienes somos, por mucho que nos haya atrapado el desanimo y por mucho que nos sirviera la coraza. Te he tenido muy lejos todo este tiempo, como si fueses un niño atrapado en el pasado y eso debe acabar. Quiero que estés aquí conmigo, quiero que sepas que te valoro y que no voy a soltarte de la mano jamás. Tendrás tus errores y aprenderás de ellos, pero lo importante es que cuando caigas, cuando quieras odiar a todo el mundo, sepas que tú no eres así, que luz te sobra para brillar y que sería una pena apagar una estrella tan bonita. Ponte a jugar y todas las noches abraza a ese dinosaurio de juguete, te mandaré toda mi fuerza y el cariño que mereces. Hay muchos momentos maravillosos inolvidables, ábrete a ellos y que el tiempo te sane.
Te quiero.
Un tren antiguo se acaba de parar en el andén con un chirrido tal que he tenido que taparme los oídos. De él se ha bajado un pequeño curioso, de mofletes rosados y con el pelo al cazo. En cuanto me ha visto ha corrido hacia a mí, que aún no puedo moverme. Me abraza y le sonrío. Quiero protegerle también a él. Le he dicho que puede venir a visitarme tantas veces necesite, en cualquier sueño que tenga. Su risa es tan pura que me contagia. Se respira ahora paz aquí. Uno pensaría que iba a estar sólo para siempre en este andén, pero ya veo que esto funciona de manera diferente. Me gustaría que también viniese mi pasado adolescente, donde se encuentra la vida más difícil de todas cuantas he tenido. La espero con paciencia, con seguridad. Escribiré de igual manera a mi yo del futuro. Ahora si me permitís me quedaré con este pequeñín contándole lo especial que es en este mundo, sobre todo para nosotros mismos. Si lo quiero, nos queremos.
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